Brasil no es una republiqueta
Artículo sobre la credibilidad internacional de Brasil en medio de la crisis de Lava Jato, Zero Hora, 2017.
Traducción del texto original.
Hubo quien intentó minar la credibilidad del país en el exterior, pero la tesis no prosperó.a
Brasil vive una crisis sin precedentes. Muchas empresas están siendo blanco de Lava Jato. Hay millones de personas afectadas por el desempleo, quizá como consecuencia de fórmulas económicas que no funcionaron en los últimos años. Nuestro país enfrenta la peor crisis registrada tras un boom económico, si consideramos que en 2010 hubo el mayor crecimiento de su PIB en 20 años, de 7,5%. El problema no es solo económico, sino de redefinición de paradigmas. En la medicina, la palabra “crisis” define el momento de la evolución de una enfermedad hacia la cura o hacia la muerte. En la economía, sería la fase de transición entre un brote de prosperidad y otro de depresión, o viceversa.
La Lava Jato desveló una red de operaciones criminales, corrupción y prácticas ilícitas que se alimentó sistemáticamente de la ineficiencia de los poderes públicos. La desconstrucción de esas organizaciones criminales sumada al diagnóstico de las patologías conducen a una necesaria catarsis colectiva. La participación de los ciudadanos, el control de la opinión pública, el activismo de las instituciones republicanas e incluso algunos excesos en la espectacularización de los procesos son consecuencias del régimen democrático.
El equilibrio de las fuerzas se da, precisamente, en la garantía de independencia del Poder Judicial, que juzga quién ha de ser investigado y acusado por ilícitos, pudiendo reprimir abusos y distorsiones acusatorias. Brasil reveló al mundo una agenda global anticorrupción, y eso no es poco. Mostró que sus instituciones tienen credibilidad y fuerza. En la percepción de la opinión pública internacional, estamos promoviendo una “limpieza ética” en nuestro propio patio.
Tenemos condiciones, con el respeto a las reglas del juego, de promover el impeachment de un gobernante, y de avanzar incluso sobre los que actualmente están en el poder, además de investigar responsabilidades de empresarios y políticos de la más alta jerarquía de la República. Hubo quien intentó minar la credibilidad del país en el Exterior, pero la tesis no prosperó. Brasil no es una “republiqueta”.
Fábio Medina Osório
Exministro de la Abogacía General de la Unión