La Lava Jato ha sido una experiencia exitosa
Artículo en el Correio Braziliense, el 12/02/2020, evaluando la Operación Lava Jato como experiencia exitosa, en comparación con la Mani Pulite italiana.
Traducción del texto original.
Debido a la gravedad de los problemas socioeconómicos, que parecen tener solución solo a largo plazo, muchos brasileños sufren una innegable ansiedad, sin percibir que el país está mejor que antes, a partir de los resultados de Lava-Jato y de una nueva agenda política y económica que emergió con el gobierno Bolsonaro.
La Operación Manos Limpias (Mani Pulite), en Italia, fue una referencia para Lava Jato, pero debe destacarse que el sistema brasileño tiene hoy un modelo jurídico mucho más avanzado y también más ecléctico que el italiano de la década de 1990, lo que es natural en términos de apropiación de las experiencias evolutivas del propio derecho. Así, el derecho italiano de la década de 1990, desprovisto del instrumental tecnológico del siglo XXI, no podría compararse con el sistema brasileño, dada la diversidad, incluso, de influencias y de herramientas tecnológicas disponibles. Es forzoso recordar, además, que la fuente de inspiración de nuestro sistema también remonta al modelo norteamericano, y no solo al europeo.
Sin embargo, críticos de la Operación Lava Jato señalan que el fracaso del sistema italiano sería el preanuncio de un supuesto fracaso del modelo brasileño. Como se sabe, la investigación en Italia llevó al fin de la llamada Primera República, cuyas principales fuerzas políticas habían sido la Democracia Cristiana (DC) y el Partido Socialista Italiano (PSI), ambos fulminados por la actuación de la Magistratura (jueces y fiscales pertenecen a una misma carrera en ese país, a diferencia de lo que ocurre en Brasil).
Bettino Craxi fue líder del PSI, además de primer ministro de Italia entre agosto de 1983 y abril de 1987. Condenado por corrupción y financiamiento ilegal del partido, se exilió en Túnez y no cumplió la pena. Murió en 2000. En una entrevista, su hijo Vittorio Craxi sostuvo que la operación Manos Limpias fue un desastre para Italia e incluso hubo retrocesos, refiriéndose directamente al fenómeno Silvio Berlusconi, el empresario de la comunicación que entró en la política, fue elegido primer ministro y lideró el surgimiento de un nuevo esquema de corrupción. Berlusconi habría pasado a ser el símbolo de una nueva Era de Corrupción en Italia. Existe el temor de que en Brasil pueda haber retrocesos, pero no existen indicios algunos en ese sentido.
Trazar un paralelo entre Manos Limpias y Lava Jato, para inducir la idea de que existe perspectiva de fracaso, es un error. Entre los efectos colaterales de Manos Limpias están una serie de suicidios de empresarios y el asesinato de los jueces Giovanni Falcone y Paolo Borsellino por la mafia, que tenía vínculos con políticos involucrados en los escándalos y se encargó de los atentados contra los magistrados que conducían los procesos judiciales.
En Brasil, es cierto que se usó una estrategia de intento de asesinato de reputación de los involucrados en Lava Jato, promoviéndose ataques al honor de los fiscales y de los jueces responsables de los procesos, por medio del sitio The Intercept, del periodista norteamericano Glenn Greenwald, internacionalmente famoso desde que dio a conocer la existencia de los programas secretos de vigilancia global de Estados Unidos, efectuados por su Agencia de Seguridad Nacional (NSA). Valiéndose de una operación criminal de ataques a celulares de autoridades públicas, el periodista pasó a divulgar fragmentos editados de diálogos entre autoridades, cuya autenticidad no había sido confirmada, para desmoralizar la operación.
Esos ataques a la reputación podrían, en tesis, ser más eficaces que la propia eliminación física, pero no deben generar el efecto pretendido. A pesar de la masiva publicación de diálogos que involucran a autoridades vinculadas a Lava Jato, no quedó comprobado que hayan ocurrido irregularidades, lo que se refleja en la popularidad del ministro y exjuez Sergio Moro y del presidente Jair Bolsonaro.
El hecho concreto es que Lava Jato no fue derrotada y siguió adelante, pudiendo, con certeza, perfeccionarse a partir de críticas procedentes de autoridades y observadores. En ese contexto, el Congreso Nacional aprobó leyes que reprimen abusos de autoridad o el crimen organizado y la improbidad administrativa, facilitando nuevas herramientas consensuales, estimulando prácticas más eficientes de los fiscalizadores. Lo que se pretende es eliminar o reducir el espacio a las decisiones inciertas o arbitrarias, impregnadas de inseguridad jurídica, porque ciertamente constituyen campo fértil para la corrupción y el voluntarismo, en cualquier ámbito. Esa agenda – que prioriza el combate a la mala gestión pública, a la ineficiencia y a la corrupción – será ciertamente una gran bandera de las elecciones de 2022, junto con la seguridad pública. Nadie está por encima de las leyes, ni siquiera los fiscalizadores, esa es una percepción clara de la sociedad brasileña. Es importante abandonar cualquier agenda corporativista en la discusión sobre el perfeccionamiento de Lava Jato.
La profesionalización creciente de las instituciones es fundamental para que Brasil pueda insertarse definitivamente en una agenda internacional de seguridad jurídica y credibilidad. Así, es imperioso fortalecer la meritocracia y la transparencia de los procesos decisorios internos y externos de los órganos de control y de los fiscalizadores. Otro punto de destaque sería el perfeccionamiento de la prevención de las prácticas ilícitas, a través de estructuras que viabilicen soluciones consensuales, diálogo y uso de herramientas como las recomendaciones, además de la preservación de las personas jurídicas que no estén orientadas al crimen organizado, sino utilizadas por personas físicas para delitos o infracciones administrativas.
La actuación de Lava Jato genera una perspectiva de cambio de paradigmas en la economía, en la política y en las instituciones, lo que no impide su perfeccionamiento y su adecuación a las exigencias de nuevas leyes. De esta experiencia, que une al Ministerio Público, a la Receita y a la Policía Federal, Brasil ciertamente saldrá mucho más fuerte y revigorizado.
*Abogado y exministro de la Abogacía General de la Unión (AGU)
Fábio Medina Osório, para Correio Braziliense: “Lava Jato ha sido una experiencia exitosa”
12 de febrero de 2020
Fábio Medina Osório
Debido a la gravedad de los problemas socioeconómicos, que parecen tener solución solo a largo plazo, muchos brasileños sufren una innegable ansiedad, sin percibir que el país está mejor que antes, a partir de los resultados de Lava-Jato y de una nueva agenda política y económica que emergió con el gobierno Bolsonaro.
La Operación Manos Limpias (Mani Pulite), en Italia, fue una referencia para Lava Jato, pero debe destacarse que el sistema brasileño tiene hoy un modelo jurídico mucho más avanzado y también más ecléctico que el italiano de la década de 1990, lo que es natural en términos de apropiación de las experiencias evolutivas del propio derecho. Así, el derecho italiano de la década de 1990, desprovisto del instrumental tecnológico del siglo XXI, no podría compararse con el sistema brasileño, dada la diversidad, incluso, de influencias y de herramientas tecnológicas disponibles. Es forzoso recordar, además, que la fuente de inspiración de nuestro sistema también remonta al modelo norteamericano, y no solo al europeo.
Sin embargo, críticos de la Operación Lava Jato señalan que el fracaso del sistema italiano sería el preanuncio de un supuesto fracaso del modelo brasileño. Como se sabe, la investigación en Italia llevó al fin de la llamada Primera República, cuyas principales fuerzas políticas habían sido la Democracia Cristiana (DC) y el Partido Socialista Italiano (PSI), ambos fulminados por la actuación de la Magistratura (jueces y fiscales pertenecen a una misma carrera en ese país, a diferencia de lo que ocurre en Brasil).
Bettino Craxi fue líder del PSI, además de primer ministro de Italia entre agosto de 1983 y abril de 1987. Condenado por corrupción y financiamiento ilegal del partido, se exilió en Túnez y no cumplió la pena. Murió en 2000. En una entrevista, su hijo Vittorio Craxi sostuvo que la operación Manos Limpias fue un desastre para Italia e incluso hubo retrocesos, refiriéndose directamente al fenómeno Silvio Berlusconi, el empresario de la comunicación que entró en la política, fue elegido primer ministro y lideró el surgimiento de un nuevo esquema de corrupción. Berlusconi habría pasado a ser el símbolo de una nueva Era de Corrupción en Italia. Existe el temor de que en Brasil pueda haber retrocesos, pero no existen indicios algunos en ese sentido.
Trazar un paralelo entre Manos Limpias y Lava Jato, para inducir la idea de que existe perspectiva de fracaso, es un error. Entre los efectos colaterales de Manos Limpias están una serie de suicidios de empresarios y el asesinato de los jueces Giovanni Falcone y Paolo Borsellino por la mafia, que tenía vínculos con políticos involucrados en los escándalos y se encargó de los atentados contra los magistrados que conducían los procesos judiciales.
En Brasil, es cierto que se usó una estrategia de intento de asesinato de reputación de los involucrados en Lava Jato, promoviéndose ataques al honor de los fiscales y de los jueces responsables de los procesos, por medio del sitio The Intercept, del periodista norteamericano Glenn Greenwald, internacionalmente famoso desde que dio a conocer la existencia de los programas secretos de vigilancia global de Estados Unidos, efectuados por su Agencia de Seguridad Nacional (NSA). Valiéndose de una operación criminal de ataques a celulares de autoridades públicas, el periodista pasó a divulgar fragmentos editados de diálogos entre autoridades, cuya autenticidad no había sido confirmada, para desmoralizar la operación.
Esos ataques a la reputación podrían, en tesis, ser más eficaces que la propia eliminación física, pero no deben generar el efecto pretendido. A pesar de la masiva publicación de diálogos que involucran a autoridades vinculadas a Lava Jato, no quedó comprobado que hayan ocurrido irregularidades, lo que se refleja en la popularidad del ministro y exjuez Sergio Moro y del presidente Jair Bolsonaro.
El hecho concreto es que Lava Jato no fue derrotada y siguió adelante, pudiendo, con certeza, perfeccionarse a partir de críticas procedentes de autoridades y observadores. En ese contexto, el Congreso Nacional aprobó leyes que reprimen abusos de autoridad o el crimen organizado y la improbidad administrativa, facilitando nuevas herramientas consensuales, estimulando prácticas más eficientes de los fiscalizadores. Lo que se pretende es eliminar o reducir el espacio a las decisiones inciertas o arbitrarias, impregnadas de inseguridad jurídica, porque ciertamente constituyen campo fértil para la corrupción y el voluntarismo, en cualquier ámbito. Esa agenda – que prioriza el combate a la mala gestión pública, a la ineficiencia y a la corrupción – será ciertamente una gran bandera de las elecciones de 2022, junto con la seguridad pública. Nadie está por encima de las leyes, ni siquiera los fiscalizadores, esa es una percepción clara de la sociedad brasileña. Es importante abandonar cualquier agenda corporativista en la discusión sobre el perfeccionamiento de Lava Jato.
La profesionalización creciente de las instituciones es fundamental para que Brasil pueda insertarse definitivamente en una agenda internacional de seguridad jurídica y credibilidad. Así, es imperioso fortalecer la meritocracia y la transparencia de los procesos decisorios internos y externos de los órganos de control y de los fiscalizadores. Otro punto de destaque sería el perfeccionamiento de la prevención de las prácticas ilícitas, a través de estructuras que viabilicen soluciones consensuales, diálogo y uso de herramientas como las recomendaciones, además de la preservación de las personas jurídicas que no estén orientadas al crimen organizado, sino utilizadas por personas físicas para delitos o infracciones administrativas.
La actuación de Lava Jato genera una perspectiva de cambio de paradigmas en la economía, en la política y en las instituciones, lo que no impide su perfeccionamiento y su adecuación a las exigencias de nuevas leyes. De esta experiencia, que une al Ministerio Público, a la Receita y a la Policía Federal, Brasil ciertamente saldrá mucho más fuerte y revigorizado.
*Abogado y exministro de la Abogacía General de la Unión (AGU)