11 de agosto – Día del Abogado
Traducción del texto original.
En el Día del Abogado, celebrado el 11 de agosto, me atrevo a reflexionar sobre la importancia de esta noble profesión, que elegí recorrer tras 14 años en el Ministerio Público, institución de la cual me exoneré para abrazar la vida de abogado.
La abogacía ha sido la vanguardia en la defensa de la justicia y de los derechos fundamentales desde los tiempos antiguos. El abogado, más que un conocedor de la Constitución y de las leyes, es el primer guardián del acceso al sistema de justicia y también un guerrero contra las arbitrariedades de los poderes. En su trayectoria, el abogado, sin ningún respaldo estatal, enfrenta intereses poderosos en nombre de la justicia y de la verdad. Su función es esencial para el sistema jurisdiccional, como reconocen las Constituciones Democráticas y especialmente la Constitución Brasileña de 1988, que lo define como indispensable para la administración de la justicia.
La abogacía, desde su origen en la Grecia y la Roma antiguas hasta los días actuales, siempre exigió más que conocimiento jurídico y de otras disciplinas; exige coraje e intrepidez, independencia y autonomía. Ese coraje es lo que permite al abogado resistir presiones, defender causas impopulares, incluso cuando se ve frente a fuerzas mucho mayores y poderosas.
Sobral Pinto, uno de los grandes íconos de la abogacía brasileña, es un ejemplo de ese valor. Su famosa frase “La abogacía no es profesión para cobardes” ilustra bien el espíritu necesario para el ejercicio de la profesión, especialmente en tiempos de envilecimiento del debido proceso o reducción de las garantías constitucionales.
En ese contexto de lucha y coraje, destacamos el liderazgo del actual presidente de la Orden de los Abogados de Brasil (OAB), Beto Simonetti, quien, con firmeza y dedicación, ha guiado a la clase en tiempos desafiantes. Bajo su liderazgo, la OAB se ha mantenido vigilante en la defensa de las prerrogativas de los abogados, en la promoción de los derechos humanos y en la lucha incesante por el mantenimiento del Estado Democrático de Derecho, conquistando espacios relevantes para nuevas prerrogativas en el campo legislativo. Su actuación es un ejemplo de compromiso con la sociedad y con la abogacía, reforzando el papel crucial que desempeñan los abogados en favor de los intereses individuales y sociales.
La trayectoria del presidente de la OAB, Beto Simonetti, es una inspiración para todos los abogados, recordándonos que, incluso frente a las adversidades, es posible marcar la diferencia y conquistar nuevos avances para la abogacía. Su gestión ha estado marcada por una defensa incansable de los valores éticos y democráticos, sirviendo como un faro para todos los que creen en la justicia como un pilar de la sociedad. Su coraje, así como el de los abogados que representa, es un tributo al poder transformador de la abogacía.
Así, al celebrar el Día del Abogado, rendimos homenaje no solo a todos los que ejercen esta profesión con bravura y ética, sino también al líder que, al frente de la OAB, continúa luchando por un Brasil más justo e igualitario.